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sábado, 31 de marzo de 2012

El hielo azul de la Antártida crece en altura

El hielo azul de la Antártida crece en altura
Las medidas de campo en la espectacular región del hielo azul de la Antártida no sólo ayudan a garantizar la precisión de la misión Cryosat de la ESA; también revelan que esta región de la capa de hielo de la Antártida crece en altura.

Los científicos necesitan comprobar continuamente la precisión de los datos de Cryosat, y para ello deben desplazarse a algunos de los lugares con las condiciones ambientales más extremas del planeta.

Estas campañas se llevaron a cabo en una meseta desierta conocida como región del hielo azul, en el borde de la Antártida. Como su nombre sugiere, este lugar único es una vasta extensión de hielo azul pulido, sin nieve.

Es precisamente esta ausencia de nieve y la inusual superficie helada lo que convierten a esta región en ideal para determinar la precisión de las medidas del altímetro de Cryosat.

Como no hay nieve, las señales de radar emitidas por el altímetro de Cryosat rebotan directamente en el hielo y vuelven al satélite.

La altura del hielo se determina por la diferencia en el tiempo entre la emisión y la recepción de las señales.

Habitualmente el hielo está cubierto por una capa de nieve, así que la señal del radar debe penetrar esta capa superior antes de alcanzar el hielo. Este hecho puede influenciar las medidas que obtiene Cryosat sobre la altitud del hielo.

Así pues, medir directamente desde la dura y brillante capa de hielo azul resulta extremadamente valioso para comprobar la precisión de los datos de Cryosat.

A pesar de que estos trabajos de campo están diseñados para validar los datos de Cryosat, el análisis de las mediciones llevadas a cabo durante las campañas de 2008-09 y 2010-11 han arrojado resultados sorprendentes: esta parte de la Antártida ha aumentado en altura unos 9 centímetros de media entre una campaña y otra.

Científicos de la Universidad Técnica de Dresden han hecho frente a un clima extremo para poder generar un mapa que registre los sutiles cambios en la altura del hielo en un área de 2.500 Km cuadrados. Las medidas fueron tomadas en tierra, con sofisticados equipos con GPS instalado en trineos.

European Space Agency, ESA

lunes, 19 de marzo de 2012

Proponen enfriar el Artico con cien torres refrigeradoras

Proponen enfriar el Artico con cien torres refrigeradoras
El deshielo del Ártico podría provocar la emisión de gas metano, una amenaza que preocupa a los científicos y que un ingeniero británico propone evitar mediante torres refrigeradoras que hagan bajar la temperatura de la región.

Varios estudios científicos han intentado medir el impacto que tendría sobre la atmósfera la liberación de metano, un gas más contaminante y duradero que el dióxido de carbono, que actualmente está atrapado en el fondo del mar y cuyas burbujas se pueden observar sobre el hielo que se está derritiendo.

En una reunión con diputados en el Parlamento británico hace unos días, un equipo de expertos -entre los que figuraba el ingeniero emérito de la Universidad de Edimburgo Stephen Salter- calificó esta amenaza de "emergencia planetaria".

Para evitarlo, Salter propuso la construcción de un centenar de torres refrigeradoras que emitirían agua marina a la atmósfera, como si de un spray se tratasen, con las que espera hacer bajar la temperatura, según explicó hoy a Efe el científico.

Anteriormente, Salter ya había apostado por refrescar la atmósfera mediante un sistema parecido, construido sobre barcos, que en cambio ahora descarta porque "la situación es tan seria que estas embarcaciones podrían requerir demasiado tiempo".

Los lugares más apropiados para su construcción serían las islas Feroe (en el Atlántico Norte, entre Escocia, Noruega e Islandia) u algún otro archipiélago en el estrecho de Bering, entre Siberia y Alaska.

En verano, estas torres de diez metros y alimentadas con energía renovable, pulverizarían agua salada hacia las corrientes de aire, que "desplazarían el residuo de sal hacia el interior de las nubes en unas pocas horas", detalló el experto.

El proceso se basa en la idea de refrescar el ambiente mediante el "blanqueo de las nubes", es decir, emitir gotitas de agua salada que hagan que sean más blancas y que reflejen mejor los rayos del Sol, un efecto parecido al que causa la erupción de un volcán.

En 2011, las regiones del Ártico registraron las temperaturas más altas de los últimos cincuenta años, entre 3 y 4 grados por encima de la media anual, según datos del Instituto de Investigaciones del Ártico y la Antártida.

Sin embargo, lo que de verdad preocupa a los científicos es la reducción de la masa total de los hielos, que en la actualidad es del 55 % en comparación con el promedio registrado en los años 80 y 90 del siglo pasado.

El uso de la ingeniería para mantener la temperatura de la Tierra bajo control es un tema controvertido entre la comunidad científica, ya que algunos expertos defienden que podría agravar el problema.

Los críticos con la propuesta de Salter argumentan que un cálculo erróneo del tamaño de las gotas de agua emitidas provocaría el efecto contrario al que se quiere conseguir, es decir, subiría más aún la temperatura.

Sin embargo, Salter confía en que la investigación de distintos modelos climáticos ayude a identificar mejor los riesgos.

"Ninguno de los riesgos potenciales de las torres es tan malo como la liberación de metano. Lo que estamos intentando es devolver las temperaturas y la cubierta de hielo a los niveles en los que solían estar, mediante materiales que ya están ahí en grandes cantidades pero en tamaños diferentes", defendió este ingeniero.

Además, "si algo inesperado sucediese, seríamos capaces de detener el proceso y revertir la situación en unos pocos días", subrayó Salter, quien ha estimado que las torres supondrían un coste aproximado de 200.000 libras (240.000 euros) y que estarían listas año y medio después de obtener este presupuesto.

EFE

jueves, 15 de marzo de 2012

El hielo del oeste de la Antártida se derritió hace 400.000 años

El hielo del oeste de la Antártida se derritió hace 400.000 años
El hielo de Groenlandia y del oeste de la Antártida se derritió por completo hace 400.000 años, en una época cálida en la que el nivel de las aguas subió entre seis y trece metros, según un estudio publicado en la revista "Nature".

La investigación analizó el hielo de estas regiones y permitió obtener mucha información sobre los últimos cientos de miles de años, gracias a la paleoclimatología, una ciencia que en los últimos años ha cobrado importancia porque sus hallazgos permiten calcular mejor el impacto del cambio climático en la superficie terrestre.

Hasta ahora se creía que el nivel de las aguas había subido más de veinte metros, pero el último estudio concluyó que fueron entre seis y trece, según el análisis a cargo de un equipo de geólogos de la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Según los científicos, hasta ahora se estimaba que en el Pleistoceno, época en la que se produjeron cuatro glaciaciones intercaladas con períodos más cálidos, el nivel de las aguas en las islas Bahamas y Bermudas se incrementó más de veinte metros en comparación con el actual, debido a una subida de las temperaturas.

Sin embargo, los expertos estudiaron el relieve costero de estos archipiélagos y concluyeron que el crecimiento de las aguas hace 400.000 a 410.000 años fue menor de lo pensado.

En la Antártida, donde en algunas zonas la masa de hielo alcanza los cinco kilómetros de espesor sobre su superficie rocosa, los hielos se extienden más allá de los límites del continente y forman extensas capas sobre las grandes bahías del océano Antártico.

El aumento, según los cálculos de Maureen Raymo, paleoclimatóloga de la Universidad de Columbia y autora principal del artículo, debió oscilar entre seis y trece metros y se produjo en gran parte porque las capas de hielo de Groenlandia y la costa oeste de la Antártida se "colapsaron", es decir, se derritieron por completo.

En cambio, las capas de hielo del este del continente resistieron mejor el aumento de las temperaturas, ya que en esta región la masa de hielo es mayor y se ha comportado de forma más estable frente a las variaciones del clima a lo largo de la historia.

Esta diferencia entre regiones se debe a que en Groenlandia y la costa oeste de la Antártida "el clima no es tan frío como al este y son zonas más próximas a un océano de aguas cálidas", explicó Raymo a Efe.

Según la experta estadounidense, estos nuevos cálculos permitirán predecir de forma más precisa cómo el cambio climático actual afectará al nivel de las aguas en los próximos años.

En este sentido, Raymo indicó que, aunque sus estimaciones son menores que las que se mantenían hasta ahora, "una subida del nivel del mar entre seis y trece metros en la actualidad sería desastrosa para nuestra sociedad".

En el presente, las capas de hielo de Groenlandia y del oeste de la Antártida son también las dos que se derriten a mayor velocidad, según distintas mediciones llevadas a cabo por satélite, subrayó Raymo.

Sin embargo, tal y como pasara en el Pleistoceno, la capa del este de la Antártida vuelve a resistir mejor el aumento global de la temperatura terrestre, pese a que los geólogos siguen preocupados por la pérdida de hielo que se ha producido en sus regiones costeras en los últimos años.

EFE

martes, 6 de marzo de 2012

Detectan un enorme campo de algas en aguas antárticas

Detectan un enorme campo de algas en aguas antárticas
Científicos australianos captaron desde el espacio un enorme campo de algas vivientes, de unos 200 metros de ancho por 100 de largo, que flota en aguas antárticas, según la fotografía obtenida por Efe.

Las algas han estado flotando en aguas antárticas desde el mes pasado, pero ha sido esta semana cuando los científicos de la División Australiana Antártica (AAD, siglas en inglés) captaron las imágenes desde un satélite situado a 650 kilómetros de distancia de la Tierra.

Su color es tan intenso que se puede ver "fácilmente" desde el espacio, según la imagen de la ADD.

Se cree que los fuertes vientos del verano austral han arrastrado en las últimas semanas nutrientes desde la zona continental, que combinados con la luz solar, han generado la floración de estas algas, probablemente del tipo "phaeocystis".

Jan Lieser, un experto en glaciares marinos, que ha seguido el desarrollo de este fenómeno dijo que nunca ha visto desde el espacio una floración de este tamaño en el este de la Antártida.

Un barco científico el Aurora Australis se dirige a la zona a recoger muestras para estudiar este fenómeno, según la AAD.

EFE
 

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