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viernes, 22 de abril de 2011

El calentamiento global está devorando las costas del Ártico


La costa de la isla de Herschel, en Canadá. EFE
El calentamiento global está devorando las costas del Ártico, donde la erosión está afectando a las poblaciones humanas y amenazando la supervivencia de especies locales de plantas y animales.

Ésta es la principal conclusión de un doble estudio hecho público este lunes por un consorcio de treinta científicos de diez países que ha analizado la situación de 100.000 kilómetros de costa o cerca del 25% de las fronteras terrestres de los ocho países que lindan al norte con el océano Ártico.

"Parece que la erosión de las costas del Ártico se está acelerando de forma dramática. El recorte medio es de medio metro al año, pero en algunas zonas llega a ser de diez metros al año", señaló Volker Rachold, investigador del Instituto Alfred Wegener de Potsdam (este de Alemania).

Las áreas más afectadas son, según este novedoso informe científico, el mar de Laptev y el este de Siberia, ambos en Rusia, y el mar de Beaufort, que limita con las costas de Canadá y Alaska (Estados Unidos).

El estudio alerta de que, como las costas del Ártico suponen un tercio del total de las costas del planeta, "la erosión puede llegar a afectar a áreas enormes en el futuro".

Este retroceso de las costas es consecuencia del calentamiento global, un problema que se agrava en el Círculo Polar Ártico, donde los incrementos doblan el aumento térmico medio global, explica el investigador alemán.

Este proceso climatológico está descongelando parte del 'permafrost' costero, la capa de hielo permanente de los niveles superficiales del suelo propia de regiones muy frías, lo que desbarata el de por sí fragmentario terreno sobre el que se asienta y lo deja totalmente expuesto al fuerte oleaje del océano Ártico.

"Vemos rápidos cambios en una situación que ha permanecido estable durante milenios", denuncia el estudio, el primero de carácter comprensivo que analiza las consecuencias físicas (geológicas y químicas), ecológicas y humanas de la erosión de las costas árticas.

Su impacto es "sustancial" para los ecosistemas árticos costeros y para la población humana asentada en esas regiones, apunta el documento "Estado de la Costa Ártica 2010", de 170 páginas y disponible en internet.

Los más afectados por estos cambios son los animales salvajes que habitan en esas regiones, especialmente los extensos rebaños de renos y caribús, y los frágiles ecosistemas de los lagos de agua dulce próximos a la costa.

El hombre también se ve afectado por este grave proceso erosivo, pero dada la escasa población en las costas más septentrionales del planeta, el estudio le retrata más como acicate que como víctima en este problema medioambiental.

Rachold reconoce que hay "grandes intereses" económicos y comerciales para que no se tomen medidas para frenar este proceso: la región ártica es una fuente de recursos naturales como petróleo aún virgen y su deshielo podría abrir codiciadas rutas marítimas de transporte de mercancías.

Juan Palop (EFE)

viernes, 15 de abril de 2011

Origen de la caldera volcánica en Isla Decepción

La caldera volcánica Puerto Foster.  CSIC
Científicos españoles han reconstruido la secuencia eruptiva que originó la caldera volcánica de la Isla Decepción, una de las más activas en la Antártida y actualmente ocupada por el mar, tras analizar sobre el terreno una serie de depósitos que ya forman parte del registro geológico de la zona.

Los trabajos han sido realizados por un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a partir de material expulsado por la caldera, del que se tienen registros de más de 20 erupciones en los dos últimos siglos.

Hace decenas de miles de años, una gran erupción en la Isla Decepción del archipiélago antártico de las Shetlands del Sur, dio lugar a la formación de la enorme caldera volcánica actualmente conocida como Puerto Foster.

Decepción, cubierta por varios glaciares y cuya formación se remonta a hace menos de 750.000 años, se encuentra en el eje de expansión de una zona de apertura donde una placa tectónica se separa de otra.

Según los científicos, la formación de una caldera se debe al hundimiento de la cima de un volcán por pérdida brusca de presión dentro de la cámara magmática, en donde se acumula roca fundida a pocos kilómetros de profundidad.

La Isla de Decepción se originó por la expulsión de unos 30 km cúbicos de magma en forma de nubes ardientes o material piroclástico, tras una erupción muy rápida, con un volumen de magma expulsado muy superior al normal.

"El volumen de magma que expulsó el volcán se corresponde con un disco de unos ocho kilómetros de diámetro por un kilómetro de profundidad", explica el coordinador del trabajo, Joan Martí, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera.

Esta caldera es similar a la del Krakatoa (Indonesia), que en 1887 generó un tsunami que causó unos 30.000 muertos y consecuencias climáticas que afectaron a todo el planeta.

Para los investigadores, la probabilidad de nuevas erupciones en la isla antártica es alta. Si ocurrieran, se asemejarían a otras producidas a lo largo de su historia, la última en 1970.

"Sería una erupción relativamente pequeña, similar a la de Islandia del año pasado, pero podría, como aquélla, causar numerosos problemas", apunta Martí.

En caso de erupción, la fusión del hielo de sus varios glaciares podría generar corrientes de fango o el agua resultante podría mezclarse con el magma y ocasionar grandes nubes de cenizas, como ocurrió en la erupción de Islandia.

EFE

martes, 12 de abril de 2011

Pingüinos en la Antártida amenazados por la falta de alimento

Pingüinos en la Antártida
Las poblaciones de pingüinos Adélie y de cara marcada en la Península Antártida Occidental y el Mar de Escocia adyacente ha declinado en un 50 por ciento en años recientes, según un estudio del Centro de Ciencia Pesquera Suroeste en La Jolla (Estados Unidos) que atribuye el declive a una reducción en la presa principal de los pingüinos, el krill antártico. El trabajo se publica en la edición digital de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).

Los investigadores, dirigidos por Wayne Z. Trivelpiece, determinaron que las condiciones climáticos favorables y la menor competitividad por el krill aumentaron el número de pingüinos en la Antártida entre los años 30 y 70 del pasado siglo.

Sin embargo, desde entonces los autores sugieren que el ascenso en las temperaturas y la mayor competitividad entre los mamíferos marinos podría haber disminuido la densidad del Krill hasta en un 80 por ciento. Los declives en la población de pingüinos coinciden con la pérdida de krill y las crías de las aves podrían ser más vulnerables a la reducción de alimentos.

Estos descubrimientos desafían la hipótesis del 'hielo marino', que mantiene que el calentamiento global ha reducido las poblaciones de los pingüinos Adélie que prefieren el hielo al disminuir el hábitat invernal, mientras que simultáneamente ha beneficiado a los pingüinos de cara marcada que evitan el hielo.

Los pingüinos de cara marcada se encuentran en la lista de especies que padecen un grado bajo de amenaza en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, pero los autores advierten que se prevé un aumento en las operaciones de pesca de krill y que tanto los pingüinos de cara marcada como los Adélie probablemente experimentarán un declive continuado si se reduce aún más la abundancia de krill.

EUROPA PRESS
 

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