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jueves, 28 de enero de 2010

Investigar el pasado de la Antártida para conocer su futuro

Investigar el pasado de la Antártida para conocer su futuro. CSIC"No vamos a tocar tierra en dos meses", explica por teléfono a RTVE.es Carlota Escutia, geóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Está en un barco navegando por las heladas aguas del polo Sur. Lidera una expedición que quiere estudiar el pasado de la Antártida para conocer su futuro.

Partió el 3 de enero de Wellington (Nueva Zelanda) a bordo del buque perforador Joides Resolution. "El objetivo es reconstruir partes de la historia de la evolución del casquete de hielo antártico desde su formación, hace unos 34 millones de años, hasta la actualidad", explica.

Conocer cómo se comportó en el pasado el polo sur es crucial con los tiempos que corren. El cambio climático es una realidad y para prever cómo reaccionará el hielo del casquete polar antártico en el futuro es necesario saber cómo lo hizo en otros momentos de la historia.

"Sabemos que los casquetes se formaron cuando la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era baja. Ahora, la situación es la contraria y nos enfrentamos al proceso opuesto, el deshielo", ilustra la investigadora. "La historia del casquete afecta a la sociedad, porque las variaciones en su extensión y volumen influyen no sólo en el nivel del mar, también en la circulación oceánica y la evolución de la biosfera".

La científica española coordina a los 29 científicos de 14 nacionalidades que componen la misión. "Trabajamos 12 horas al día los siete días de la semana. Hay turnos de 15 horas de día y 15 horas de noche. Mi turno es de dos de la madrugada a dos de la tarde para cruzarme con todos los componentes de la misión", señala.

"La verdad es que trabajamos mucho, porque tampoco hay mucho más que hacer", comenta entre risas. Y puntualiza: "Tenemos nuestras comodidades, no te vayas a creer. Hay gimnasio, sala de cine y una sala de conferencias para dedicar a nuestros hobbies".

Para realizar la 'fotografía' del pasado, los científicos están tomando muestras del hielo más profundo. En esta expedición perforarán en cinco pozos marinos de hasta 1.400 metros de profundidad. "Desde el día 22 estamos perforando uno. Ya hemos llegado a los 663 metros, lo que equivale a poco más de 20 millones de años atrás", explica con entusiasmo la científica.

Quieren retroceder en el tiempo hasta los 34 millones de años atrás, cuando no había hielo en la Antártida. "Hemos calculado que esas muestras están a 900 metros de profundidad. El lunes o el martes las habremos alcanzado", indica.

Capas de hace millones de años

Las muestras son analizadas en el propio barco: "Son como un libro. Cada capita contiene información sobre la temperatura del agua, la salinidad, la concentración de dióxido de carbono de la atmósfera, si los casquetes estaban avanzando o retrocediendo en ese momento, qué seres vivos habitaban las aguas..."

Escutia ha navegado en más ocasiones en este buque, aunque esta es la primera vez que lo hace como directora y la primera vez que se perfora en el territorio Wilkes, en la parte oriental de la Antártida, al sur del océano Índico. "Los resultados preliminares suelen ser muy abundantes en este tipo de expediciones. Al volver a casa terminamos el trabajo con un análisis más pormenorizado y exhaustivo", comenta.

El Joides Resolution es uno de los tres barcos que conforman el Programa Internacional de Perforación Integrada del Océano (IODP, en su acrónimo inglés), un consorcio de investigación internacional dedicado al análisis de la historia de la Tierra a través del estudio de los sedimentos marinos y en el que participan 22 países, entre ellos España.

En los últimos 15 años, tan solo se han desarrollado dos expediciones de este tipo, una en la Península Antártica y otra en la bahía de Prydz. El viaje concluirá el próximo 9 de marzo en Hobart, la capital de la isla de Tasmania (Australia).

Viaje al centro de la Antártida




AMÉRICA VALENZUELA | RTVE.es

sábado, 16 de enero de 2010

El aumento de metano en el Ártico podría subir su temperatura 10 grados en 2100

El aumento de metano en el Ártico podría subir su temperatura 10 grados en 2100Científicos han registrado un aumento de un tercio en la cantidad del gas metano que se filtra en la capa subterránea de hielo permanente (permahielo) del Ártico en los últimos cinco años, lo que podría resultar en un incremento de 10 grados de la temperatura media de la zona para el año 2100.

Este descubrimiento, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Edimburgo y publicado en la revista Science, es fruto de varias investigaciones realizadas en los últimos años en la zona Ártica que apuntaban a que el permahielo se estaba derritiendo y liberaba metano en grandes cantidades.

La capa de hielo todavía no derretida encierra billones de toneladas de metano, un gas invernadero mucho más dañino que el dióxido de carbono, lo que ha llevado a muchos científicos a describir el derretimiento del permahielo del Ártico como una "bomba de relojería" que podría acabar con los esfuerzos por contener el cambio climático.

Se teme que el calentamiento causado por el incremento de las emisiones de metano liberará en el futuro aún más metano y someterá a la región a un ciclo autodestructivo que aumentará las temperaturas más rápidamente de lo predicho.

Según el científico Paul Palmer, que ha trabajado en este estudio, "los humedales de altas latitudes son actualmente una pequeña fuente de metano pero es muy significativo en cambio que esas emisiones vayan a aumentar en un tercio en cinco años".

Eso muestra que incluso un calentamiento relativamente pequeño puede provocar un fuerte aumento de las emisiones de metano.

Para Palmer, el cambio climático en el Ártico, donde se está desarrollando dos veces más rápido que en el resto del mundo, se explica por el reciente incremento continuado de los niveles de metano globales en la atmósfera desde 2007, tras una década de emisiones estables de este gas.

Las emisiones de metano en el Ártico se incrementaron en un 31 por ciento entre 2003 y 2007, lo que equivale a cerca de un millón adicional de toneladas de metano cada año.

El estudio también revela que la mitad de las emisiones mundiales de metano provienen de los trópicos, con 20 millones de toneladas liberadas por la selva amazónica cada año y 26 millones de toneladas generadas por la cuenca del río Congo.

Los arrozales de China y del sudeste asiático produjeron un tercio de las emisiones mundiales de metano, 33 millones de toneladas, y sólo el dos por ciento proviene de las latitudes árticas, aunque es allí donde se han registrado los mayores aumentos.

EFE

martes, 12 de enero de 2010

La temperatura más baja jamás registrada

La temperatura más baja jamás registradaUna investigación ha revelado las causas que llevaron a registrar la temperatura más baja de la historia, -89,2º, alcanzada en la Antártida en julio de 1983, por efecto de una corriente de aire frío que se situó en la meseta antártica sin dejar paso al aire más cálido procedente de latitudes más bajas.

La investigación, llevada a cabo por el 'British Antartic Survey' (BAS) y el 'Artic and Antartic Research Institute de Rusia' (AARI), indica que esa temperatura récord fue inferior en 30º a la media de 66º bajo cero que impera en esa zona en el invierno del hemisferio sur.

La masa de aire frío procedente del océano Antártico se instaló durante diez días sobre la parte alta de la meseta antártica, donde está ubicada la estación científica rusa de Vostok, que registró este récord y que lleva desde 1958 midiendo las temperaturas de la región.

La corriente impedía que llegasen a esta zona masas de aire más cálido procedente de latitudes más bajas, lo que aisló la estación y creó las condiciones para que se dieran temperaturas tan extremas.

Además, la ausencia de nubes y una capa de minúsculas partículas de hielo suspendidas en el aire -fenómeno conocido como diamante en polvo- contribuyeron a que el calor procedente de la superficie se perdiera en el espacio.

La meseta antártica del este, donde se sitúa Vostok, está muy lejos del océano y a una altitud de 3.488 metros, lo que la hace extremadamente fría, de forma que se podrían alcanzar los -96º si se llegase a un periodo de aislamiento provocado por corrientes frías semejante a la que asoló Vostok en julio de 1983.

"El estudio ha permitido simular con éxito la rápida pérdida de calor en este periodo de 10 días, lo que ayudará al desarrollo de modelos climáticos utilizados para predecir la evolución futura del clima de la Antártida", explicó el investigador de la BAS y autor del estudio, John Turner.

Turner señaló que la Antártida todavía no ha sufrido los efectos del calentamiento global de la misma manera que la zona ártica, pero que en el próximo siglo se espera que se vea afectada por la subida generalizada de las temperaturas mundiales consecuencia del efecto invernadero, por lo que dudó de que se pueda repetir este récord.

Para Turner, esta investigación ha confirmado lo extremos que pueden ser los fenómenos naturales y nos alerta de la necesidad de estar atentos por si vuelven a producirse estas anomalías meteorológicas.

La tecnología utilizada en este estudio se ha basado en una combinación de gráficos meteorológicos, imágenes de satélite, y registros de temperatura, presión atmosférica, velocidad y dirección del viento tomados cada seis horas.

EFE

domingo, 3 de enero de 2010

Avión perdido en Antártida

Avión perdido en AntártidaUn equipo de restauradores australianos anunció el hallazgo de los restos de la primera aeronave llevada a Antártida.

El explorador australiano Douglas Mawson utilizó el avión monomotor Vickers en su expedición de 1911-1912, pero el aparato fue abandonado debido a problemas mecánicos.

El avión fue desembarcado en el continente helado sin alas y durante un tiempo fue utilizado como trineo motorizado.

El equipo ha comenzado a restaurar las chozas de madera de la expedición de Mawson.

El avión no había sido visto desde la década de 1970, cuando investigadores fotografiaron su fuselaje de acero casi totalmente cubierto por el hielo.

Hallazgo de año nuevo

Luego de tres veranos de búsquedas, el equipo de la Mawson´s Huts Foundation se tropezó con restos metálicos el día de año nuevo.

“La gran noticia del día es que encontramos el tractor aéreo, o al menos algunas partes”, señaló desde Cabo Denison, Antártida, el integrante del equipo Tony Stewart.

El armazón del “tractor aéreo” fue abandonado por la expedición de Mawson porque su motor no era capaz de manejar los extremos de temperatura.

El motor en sí fue devuelto al fabricante Vickers en el Reino Unido.

Mawson le había sacado las alas en Australia tras un accidente en un vuelo de exhibición en Adelaida en el que se averiaron.

No hubo tiempo

Nadie resultó herido en ese incidente, pero no hubo tiempo para completar las reparaciones antes de que zarparan los 31 integrantes de la expedición hacia Antártida.

“El piloto fue enviado devuelta a Inglaterra en desgracia mientras el fuselaje fue utilizado como un tractor aéreo para remolcar trineos”, según la página web de la fundación.

Stewart señaló que fue una “búsqueda emocionante”.

“El viernes fue posiblemente el único día en varios años cuando las rocas estuvieron suficientemente expuestas y la marea estaba suficientemente baja para poder verlo mientras estábamos aquí”, agregó.

BBC

sábado, 2 de enero de 2010

La Antártida, el continente de la ciencia

La Antártida, el continente de la cienciaLa Antártida es un mundo extraño de tonos blanquecinos y grisáceos, transparencias verdosas y azuladas, con parches marrones de tierra y roca cuando no esta todo cubierto de hielo y nieve. Destaca la ausencia de árboles, matojos o incluso unas briznas de hierba. El Sol veraniego, débil, apenas hace sombras de las cosas. Tampoco hay casi gente, más allá de las que residan periódicamente en las casi 70 bases científicas de una treintena de países allí establecidas, la mayoría ocupadas sólo durante el verano austral.

En la temporada estival, los residentes en toda la Antártida rondan los 4.000 y en invierno la población se reduce a un millar. No hay población autóctona, no hay en el mundo antárticos de nacionalidad y solo algunos niños han nacido allí, en algunas bases durante la estancia de sus madres. La mayor concentración de estaciones científicas en el continente blanco esta en la Península Antártica, donde el clima es menos extremo que en el interior del continente. Pero el establecimiento más poblado es McMurdo, en la costa Suroccidental, al fondo de la bahía del mismo nombre. Fue abierta por EEUU en 1956 y actualmente es el centro sus operaciones en el continente blanco. Es una base permanente y puede albergar a unas 1.300 personas.

Las bases españolas son de verano -austral-, se utilizan desde noviembre hasta y durante el inverno ártico permanecen cerradas, aunque sigan en funcionamiento permanente diferentes sensores meteorológicos y algunos experimentos automatizados. Se instalaron a finales de la década de los ochenta como estaciones científicas y desde entonces se utilizan todos los años para desarrollar programas de investigación, desde glaciología hasta oceanografía, biología de los pingüinos, estudios de líquenes y microorganismos, clima, etcétera. El trabajo se complementa con el buque oceanográfico Hespérides y el remolcador Las Palmas utilizado este último, sobre todo, para transporte ya poyo logístico , y ambos operados por la Armada Española. En uno y otro cruzan los científicos y personal de las bases desde Punta Arenas (Chile) o Ushuaia (Argentina), en una alternancia políticamente correcta, a través de las aguas siempre inquietante y a veces feroz del estrecho de Drake. Son tres días de navegación nada recomendable para quienes se marean en barco.

La Base Española Antártica Juan Carlos I, llamada simplemente la BAE, está en la Isla Livingston, a 62 grados de latitud Sur, cerca de la orilla del mar en una bahía salpicada a menudo de grandes bloques de hielo flotante y con un glaciar a la espalda; en ella puede vivir simultáneamente una veintena de personas (la mayoría de los investigadores se turnan en permanencias de un mes como media). Pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y los investigadores que obtienen financiación y permiso para ir a trabajar tienen que pasar una evaluación estricta del interés de su proyecto y de la capacidad del equipo para desarrollarlo. De las operaciones de la instrumentación científica de los barcos y las bases se encarga la Unidad de Tecnología Marina (UTM), también del CSIC.

Unos módulos de vivienda con comedor y cocina, laboratorios, un embarcadero, almacenes, depósitos y poco más forman la BAE. Ahora esta en fase de remodelación de todas las instalaciones, deterioradas ya con el paso del tiempo. Los trabajos comenzaron el año pasado con la colocación de pilares para las construcciones y este año se van a instalar los nuevos módulos, que partieron el pasado octubre desde Castellón en un buque de carga. Los viejos contenedores metálicos, acondicionados interiormente y conectados entre sí formando unos barracones, han durado años, pero su deterioro ya es demasiado patente.

Hay que tener en cuenta, a la hora de diseñar y construir una base en la Antártida, que no sólo ha de ser apta para las condiciones extremas allí, con temperaturas normalmente bajo cero incluso en verano, hielos y nevadas, sino que todas las instalaciones deben ajustarse a las estrictas normas del Tratado Antártico y su Protocolo de Madrid. Es obligatorio, por ejemplo, que todas las construcciones y equipamientos puedan desmontarse para eliminar cualquier rastro de su existencia una vez que se retiren. Los materiales permitidos también están regulados y las basuras y deshechos hay que llevárselos siempre de la Antártida, recurriendo a compactadoras de basura para facilitar su retirada. No todas las bases cumplen la estricta normativa, pero en cualquier momento pueden llegar a un campamento inspectores de cualquier país del Tratado y hacer un informe. El objetivo es hacer todo posible no sólo para no contaminar la Antártida sino para no alterarla, en lo posible. Cualquier instalación debe ser aprobada por los comités oportunos del Tratado. Las instalaciones españolas tienen a gala haber pasado cualquier inspección recibida.

La otra base, la Gabriel de Castilla, está gestionada por el Ejército de Tierra y sus dotaciones la operan, pero esta abierta igualmente a la investigación civil, hasta el punto de que cuando un científico español obtiene permiso para realizar un proyecto de investigación puede ser asignado indistintamente a una o a otra, y el Ejército realiza algunas investigaciones propias, como ensayos de equipamientos de meteorología extrema. No cabe pensar en proyectos secretos con científicos y civiles por allí trabajando codo con codo en un recinto reducido y abierto.

La base Gabriel de Castilla está a unas 20 millas náuticas de la BAE, en Decepción, una isla volcánica donde incluso unas pozas de aguas termales en la playa han convertido el baño allí en un ritual de residentes, visitantes y turistas. Frente a la base española, al otro lado de la profunda bahía de claro origen volcánico, están las ruinas de un poblado de balleneros de hace un siglo que luego fue una base británica abandonada de la noche a la mañana por una erupción repentina en la isla. Es también parte del recorrido de los barcos que llevan a turistas dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por un crucero en la región menos dura de la Antártida y más cercana al extremo sur de América. Diferentes buques, incluidos algunos rompehielos rusos en desuso y habilitados para estos cruceros, están haciendo buenos negocios en la zona, pese a la preocupación de los científicos y de los ecologistas por el impacto que este turismo -no prohibido en el Tratado Antártico ni específicamente regulado- tiene en la protegida Antártida.

También la Gabriel de Castilla ha sido ampliada recientemente, con un nuevo módulo de habitabilidad idéntico al que existía, más de estilo chalet que los contenedores de la BAE pero igualmente desmontables y perfectamente adaptados a los requisitos del Tratado Antártico. Además de estas estaciones fijas, los españoles montan cada año algún campamento alejado para investigaciones concretas en glaciares o lagos específicos. Los vecinos más próximos de la BAE son los búlgaros de la pequeña pero hospitalaria base St. Kliment Ochridsky , más antigua que las españolas y desde hace años dependiente de los buques españoles para el transporte de sus científicos y sus suministros. Las visitas mutuas son una tradición de españoles y búlgaros que festejan estos encuentros en un entorno tan aislado.

Aunque las investigaciones españolas se realicen en tiempo veraniego, las condiciones de vida en la Antártida son durísimas y no exentas de peligro. Así, está prohibido, por ejemplo, salir de la base una persona sola, sin avisar y sin llevar un transmisor y la ropa de montaña es obligatoria en todo momento aunque a ratos las bajas temperaturas den una tregua. Pero en estas estaciones en la Península Antártica no es normal sufrir un período prolongado de incomunicación, como sucede en las invernales instaladas más al sur en el continente. Junto al Polo sur está la célebre Amundsen-Scott, estadounidense, una estación científica muy avanzadas -sobre todo tras las mejoras realizadas en los últimos años por la National Science Foundation- en la que los científicos y el personal de apoyo se quedan prácticamente incomunicados todo el invierno austral. En la rusa Vostok, también cerca del Polo, se ha medido la temperatura más baja en el planeta tierra: 89,4 grados centígrados bajo cero.

También es permanente, de invierno y verano, la Base Esperanza, argentina. No es un campamento provisional sino todo un poblado, con diversas edificaciones acondicionadas para el invierno, una pista de avionetas e incluso un pequeño museo antártico con pertrechos históricos de los primeros exploradores del continente blanco. El Hespérides se ha acercado alguna vez, y tras los permisos para desembarcar establecidos por radio, la bienvenida está garantizada.

Alicia Ribera | ateneadigital.es

viernes, 1 de enero de 2010

Expedición antártica china encuentra meteorito

Expedición antártica china encuentra meteoritoLos miembros de la 26 expedición china a la Antártida culminan el 2009 con la alegría del hallazgo de su primer meteorito en las Montañas Grove.

Según señaló a la prensa el doctor Hu Sen, investigador del Instituto de Geología y Geofísica de la Academia de Ciencias, podria tratarse de una condrita o meteoritos no metálicos (rocosos) que proceden de asteroides y representan cerca del 86 por ciento de los caídos en la Tierra.

Las montañas Grove, ubicadas entre las estaciones chinas Zhongshan y Kunlun, constituyen una de las reservas más ricas en meteoritos del mundo, según expertos.

El estudio de estos cuerpos sorprende por el hecho de tratarse de rocas extraterrestres que, antes de chocar con la Tierra, han girado alrededor del Sol durante cuatro mil 500 millones de años. Su conocimiento permite comprender el origen y la edad del Sistema Solar, la síntesis de compuestos orgánicos, el surgimiento de la vida o la presencia de agua en nuestro planeta. Se diferencian de los metálicos por su composición pobre en Hierro y Níquel.

Hasta la fecha, los científicos chinos en sus cuatro misiones de exploración a las Montañas Grove (una de las pocas áreas de la Antártida donde las cimas sobresalen de los casquetes glaciares), han descubierto nueve mil 834 piezas de meteoritos.

La colección es la tercera más grande después de las de Japón y los Estados Unidos.
 

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