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martes, 3 de noviembre de 2009

El Ártico: un territorio para la ciencia

Entrada del Depósito Global de Semillas de Svalbard (Fotografía: Carlos M. Duarte, CSIC)A pesar de encontrarse mucho más próximo a las mayores potencias de investigación del mundo, la información científica disponible sobre el Ártico es mucho más limitada que la disponible para la Antártida.

La razón para esto se encuentra en que mientras que el Tratado Antártico designaba, en 1959, la Antártida como un territorio para la investigación científica, el Ártico era ya el tablero de juego de la Guerra Fría, como el Océano que separa EEUU de la entonces Unión Soviética. En el Ártico, como en la Antártida, había bases, pero mientras que en la Antártida eran científicas, en el Ártico eran militares, estaciones de vigilancia equipadas para detectar los misiles con cabezas nucleares que podían cruzar este espacio para desencadenar la guerra nuclear que durante casi 40 años pendió como una espacia de Damocles sobre el mundo. Esta paranoia quedó retratada en algunas películas como Estación Polar Cebra, dirigida por John Sturges (1968).

El Muro de Berlín no se llevó por delante soólo la Guerra Fría, sino que abrió el Ártico a la investigación científica. Nuevas bases, esta vez de investigación, aparecían en el Ártico, y proyectos de investigación colaborativos intentaban recuperar el tiempo perdido durante la Guerra Fría.

En ese momento, algunos países, como Noruega, apostaron decididamente por la investigación científica en el Ártico, estableciendo las Islas Svalbard como un centro para la investigación.

En 1993 Noruega estableció el University Center of the Svalbard, UNIS, en cuyos magníficos laboratorios estamos trabajando, que a 78 grados norte es la institución de educación superior más al Norte del mundo. UNIS ofrece formación académica y realiza investigación en los ámbitos como la biología, geología, geofísica, y tecnología polar. UNIS ofrece, todos los veranos, un curso gratuito sobre ciencia polar, abierto a estudiantes de todo el mundo. Entre los estudiantes que realizan su investigación en UNIS, nos hemos encontrado con una cordobesa, María Luisa Ávila, que realiza su tesis doctoral sobre la colonización del Ártico por colémbolos (artrópodos cercanos a los insectos).

A 30 minutos de vuelo en una pequeña avioneta, se llega a Ny Ålesund, en el Kongsfjord, donde se ha establecido una comunidad científica en múltiples bases: Noruega, Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, China, Corea, Holanda, Italia e Inida, con alguna -aunque escasa- coordinación entre ellas. España aún no tiene una presencia propia de investigación en el Ártico, pero su posible entrada, como país observador, en el Consejo Ártico, puede llevar al establecimiento de algún tipo de presencia permanente de nuestra comunidad científica. De hecho, con motivo del Año Polar Internacional, España hizo, a través del Plan Nacional de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación, un esfuerzo adicional por extender su actividad científica en investigación polar al Ártico, con importantes proyectos en distintas zonas del Ártico, desde el Ártico Canadiense a Groenlandia y las Islas Svalbard.

El pequeño puerto de Longyearbyen, con un único muelle para buques de más de 40 metros de eslora, es uno de los puertos más visitados por buques oceanográficos. En las tres semanas que llevamos aquí, han recalado el rompehielos alemán Polarstern, con el que realizamos una campaña en el Océano Sur este año, el rompehielos sueco Odem, que hace un par de años viajó hasta el Polo Norte, el rompehielos noruego Svalvard, buque militar pero que se utiliza también para investigación científica incluyendo dos campañas en las que ha participado mi grupo de investigación, el buque oceanográfico Jan Mayen, en el que tuvo lugar la primera parte de la campaña ATP, el buque oceanográfico ruso Akademik Serjei Vavibu, y el velero de investigación polaco Oceanía. Hace dos años también lo visitó el Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides, en su primera campaña al Ártico que tuve el honor de dirigir como jefe científico.

El Foro Científico de Svalbard, informa sobre todas las actividades científicas que se llevan a cabo en este territorio, que comprenden prácticamente todas las disciplinas científicas imaginables. Las Islas Svalbard se han constituido en un referente mundial de la investigación polar. Una de las instalaciones más curiosas de las Islas Svalbard es el Depósito Global de Semillas de Svalbard, a 500 metros del aeropuerto de Longyearbyen. La entrada de esta instalación, construida aprovechando las galerías de una mina de carbón y la climatización que el interior del gélido permafrost de sus paredes ofrece, consiste en un sencillo portal que para nada permite imaginar lo que se encuentra en su interior. El Depósito Global de Semillas de Svalbard tiene por objeto preservar la diversidad genética de plantas agrícolas y protegerla frente a cualquier hipotética catástrofe que pueda desencadenar su extinción de las zonas donde se cultivan. Almacena casi medio millón de muestra de semillas de más de 3.000 especies provenientes de 219 países distintos.

El cambio climático amenaza con calentar de nuevo la zona, devolviéndola a una zona fuertemente militarizada, pues los países ribereños, particularmente Rusia y Canadá, han anunciado su intención de establecer nuevas bases militares en el Ártico. La colaboración científica ha demostrado, en la Antártida, ser una buena plataforma para el entendimiento entre las naciones. El proyecto ATP, en el que trabajamos codo con codo investigadores noruegos, franceses, canadienses, rusos, alemanes, suecos, españoles, portugueses, británicos, daneses, estadounidenses, polacos y holandeses, es un magnífico ejemplo de esto.

Carlos M. Duarte, coordinador experimento ATP-2010
ELPAIS.com

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